Aquel mismo invierno nos trajo otra gran nevada que todos los vecinos recuerdan. La Cerdaña volvió a vestirse de blanco y la Torreta, una vez más, ofreció a sus huéspedes ese paisaje de cuento que solo el Pirineo sabe regalar.
Aquel mismo invierno nos trajo otra gran nevada que todos los vecinos recuerdan. La Cerdaña volvió a vestirse de blanco y la Torreta, una vez más, ofreció a sus huéspedes ese paisaje de cuento que solo el Pirineo sabe regalar.